Los traumas emocionales, sean de la naturaleza que sean, nos pueden desbordar y hacer que aflore nuestra más profunda vulnerabilidad, rompiendo nuestro equilibrio interior.
Para reparar las secuelas que han dejado, es necesario compartirlos en un lugar de comprensión y empatía.
Un acompañamiento guiado nos ayudará a interiorizarlos sanamente e incorporarlos a nuestra personalidad.



