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La inteligencia emocional

«𝐸𝑛 𝑙𝑎 𝑑𝑎𝑛𝑧𝑎 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑒 𝑒𝑙 𝑠𝑒𝑛𝑡𝑖𝑟 𝑦 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑟, 𝑙𝑎 𝑒𝑚𝑜𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑔𝑢𝑖́𝑎 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑑𝑒𝑐𝑖𝑠𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠 𝑖𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑖𝑛𝑠𝑡𝑎𝑛𝑡𝑒, 𝑡𝑟𝑎𝑏𝑎𝑗𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑟𝑎𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙 𝑦 𝑐𝑎𝑝𝑎𝑐𝑖𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜 —𝑜 𝑖𝑛𝑐𝑎𝑝𝑎𝑐𝑖𝑡𝑎𝑛𝑑𝑜— 𝑎𝑙 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜. 𝐷𝑒𝑙 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜 𝑚𝑜𝑑𝑜, 𝑒𝑙 𝑐𝑒𝑟𝑒𝑏𝑟𝑜 𝑝𝑒𝑛𝑠𝑎𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑚𝑝𝑒𝑛̃𝑎 𝑢𝑛 𝑝𝑎𝑝𝑒𝑙 𝑓𝑢𝑛𝑑𝑎𝑚𝑒𝑛𝑡𝑎𝑙 𝑒𝑛 𝑛𝑢𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎𝑠 𝑒𝑚𝑜𝑐𝑖𝑜𝑛𝑒𝑠, 𝑠𝑎𝑙𝑣𝑜 𝑒𝑛 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑜𝑠 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑒𝑛 𝑙𝑜𝑠 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑠𝑒 𝑑𝑒𝑠𝑏𝑜𝑟𝑑𝑎𝑛 𝑦 𝑒𝑙 𝑐𝑒𝑟𝑒𝑏𝑟𝑜 𝑒𝑚𝑜𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙 𝑎𝑠𝑢𝑚𝑒 𝑝𝑜𝑟 𝑐𝑜𝑚𝑝𝑙𝑒𝑡𝑜 𝑒𝑙 𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑜𝑙 𝑑𝑒 𝑙𝑎 𝑠𝑖𝑡𝑢𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛.»Daniel Goleman. Hay personas con un elevado coeficiente intelectual que alcanzan grandes logros académicos o profesionales. Sin embargo, si carecen de autoestima, una adecuada regulación emocional, empatía, resiliencia o un propósito vital, es posible que el bienestar personal siga siendo difícil de alcanzar. Aunque hoy existe un mayor conocimiento sobre la inteligencia emocional que hace unas décadas, todavía no somos plenamente conscientes de la enorme influencia que ejerce en todas las dimensiones de nuestra vida: en cómo pensamos, sentimos, nos relacionamos y afrontamos las dificultades. 𝐿𝑎 𝑖𝑛𝑡𝑒𝑙𝑖𝑔𝑒𝑛𝑐𝑖𝑎 𝑒𝑚𝑜𝑐𝑖𝑜𝑛𝑎𝑙, de Daniel Goleman, es una obra imprescindible para comprender cómo nuestras emociones influyen en cada decisión, en nuestras relaciones y en nuestra calidad de vida; y te la quiero recomendar como lectura para este verano. A través de un lenguaje claro y accesible, el autor explica por qué desarrollar estas habilidades puede resultar incluso más determinante para nuestro bienestar que el propio cociente intelectual. Cuando existe una buena comunicación entre el lenguaje de la razón y el del corazón, somos capaces de gestionar mejor los conflictos internos, afrontar de forma saludable las relaciones interpersonales y responder con mayor resiliencia, esperanza y equilibrio ante los retos que la vida nos presenta. Si sientes que tus dificultades pueden estar relacionadas con un desequilibrio entre estas dos formas de funcionar —la racional y la emocional—, este libro puede ser un excelente punto de partida para comprenderte mejor. Y, si necesitas acompañamiento, en terapia podremos recorrer juntos ese camino, fortaleciendo tu autoconocimiento, desarrollando nuevas herramientas emocionales y potenciando aquellos recursos que te permitan vivir con mayor bienestar. 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨▪️Psicóloga y terapeuta especializada en asesoramiento y acompañamiento psicológico

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Creencias irracionales

«Los pensamientos o palabras de cada creencia simplemente verbalizan la perspectiva y la emoción presentes en las redes de memoria no procesadas.»Francine Shapiro En este blog y en los siguientes iré comentando las principales creencias irracionales de Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva. Son ideas o convicciones muy profundas que se han ido enraizando en nuestra mente desde la más tierna infancia como resultado de la cultura, la educación y experiencias que quedaron almacenadas de forma disfuncional, así como de la propia inmadurez reflexiva infantil. Estas ideas nos dicen cómo deberían ser las cosas y nos generan un gran malestar emocional cuando la realidad no se ajusta a ellas. Suelen expresarse en términos como siempre, nunca, debería, tengo que, deberían o tendría que. De ellas emanan las distorsiones cognitivas vistas con anterioridad. La primera creencia irracional La necesidad extrema, para un ser humano adulto, de ser amado y aprobado por prácticamente cada persona importante de su entorno. Es irracional porque se trata de algo imposible y que va a generar mucha preocupación y esfuerzo. Con frecuencia, los resultados conllevan frustración, rabia, tristeza y baja autoestima, ya que la aprobación y el amor que esperamos de los demás no están bajo nuestro control directo. Además, esta actitud suele conducir a un desgastante servilismo, dependencia emocional y pérdida de identidad, alejándonos más de nosotros mismos de lo que nos acerca a los demás. Una pregunta para reflexionar sobre este debería interno es la siguiente: ¿Qué quiero hacer en el curso de mi relativamente corta vida? En lugar de: ¿Qué creo que les gustaría a los demás que hiciera? Es decir, ¿quiero ser feliz o hacer felices a los demás? No se trata de egoísmo, sino de inteligencia emocional, ya que, si uno es feliz con lo que es y con lo que hace, estará en mejor disposición de aportar cosas buenas a su entorno y de ser apreciado por ser una persona valiosa. La segunda creencia irracional Para considerarse a uno mismo meritorio, se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles. Es irracional porque también es algo imposible e irrealista. No se puede ser bueno en todo y mucho menos ser perfecto en nada. Esta creencia conlleva un gran miedo al fracaso o a cometer errores, lo que genera mucha ansiedad y puede obstaculizar un buen desempeño. Además, provoca un enorme estrés físico y mental por querer abarcarlo todo y hacerlo bien. Para aplacar este debería será necesario darse cuenta de que todos cometemos errores y de que el fracaso es una valiosísima experiencia de aprendizaje. Por ello, resulta oportuno prestar más atención al disfrute de lo que estamos haciendo, viendo los errores como oportunidades de avance más que como fracasos en sí mismos. De esta manera, probablemente llegaremos al éxito y a una mayor satisfacción con nosotros mismos.

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Errores de pensamiento a la hora de percibir la realidad

Para finalizar con el apartado de los errores de pensamiento a la hora de percibir e interpretar la realidad, comentaré las siguientes distorsiones cognitivas: ▪️𝐆𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐞𝐱𝐜𝐞𝐬𝐢𝐯𝐚: Es un error de pensamiento que consiste en creer que, por un hecho negativo que nos ha ocurrido, siempre nos va a pasar lo mismo. Para modificar este tipo de pensamiento será necesario recordar todas nuestras experiencias positivas, así como las de otras personas de las que aprendemos; desarrollar nuestra capacidad actual para intentar hacerlo mejor; así como saber pedir ayuda y saber recibirla. ▪️𝐄𝐭𝐢𝐪𝐮𝐞𝐭𝐚𝐣𝐞: Es una distorsión que aparece cuando ponemos etiquetas globales a nosotros mismos, a los demás y a la vida en general, sin tener en cuenta otros matices. Esta distorsión lleva implícito un estilo enjuiciador y condenatorio que puede afectar a nuestro autoconcepto y autoestima, así como dañar nuestras relaciones y limitarnos en el conocimiento y disfrute de los diferentes aspectos de la vida. ▪️𝐃𝐞𝐬𝐜𝐚𝐥𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐥𝐨 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐭𝐢𝐯𝐨: Es un error cognitivo que consiste en restar valor a nuestras experiencias, así como a nuestras cualidades y capacidades, enfocándonos solo en lo negativo. Esto va a afectar al autoconcepto y a la autoestima, debido a que no sabemos o no nos permitimos enorgullecernos de nuestras fortalezas y disfrutar de las buenas experiencias. Es frecuente en personas que tienden a compararse, ya que maximizan los logros y cualidades de los demás, minimizando sus fracasos y defectos en detrimento propio. ▪️𝐅𝐢𝐥𝐭𝐫𝐨 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥:Es una distorsión que consiste en atender solamente a aquella información que confirma nuestras ideas preconcebidas, mientras ignoramos o restamos importancia a la evidencia en contra. Este error de pensamiento puede derivar en un estilo mental negativo cuando solo filtramos lo negativo de una situación, de una persona o de nosotros mismos. También puede ocurrir lo contrario, atendiendo únicamente a los aspectos positivos, como sucede en el caso de la idealización. Tanto en un aspecto como en el otro, se pierde mucha información necesaria para tomar buenas decisiones y lograr una buena adaptación a la realidad. 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨́𝐥𝐨𝐠𝐚▪️Especialista en ansiedad y estrés▪️

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Según nos hablamos a nosotros mismos

Nuestra forma de pensar condiciona la manera en cómo percibimos la realidad, afectando a nuestros sentimientos y comportamientos.Para manejar los pensamientos que obstaculizan nuestro bienestar es necesario tomar conciencia de los errores de pensamiento y de las creencias irracionales, para así cambiarlos por otros más realistas y beneficiosos. Hoy voy a comentar las siguientes distorsiones cognitivas descritas por A. Beck: 𝐑𝐚𝐳𝐨𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥: “Lo siento, luego existo”. J. J. Rousseau Es una distorsión cuando suponemos que nuestras emociones negativas son un fiel reflejo de nuestra realidad, sin pararnos a analizar los pensamientos que sustentan esas emociones de manera racional.La mayoría de las veces no tiene nada que ver con la realidad presente, sino con las vivencias que hemos experimentado a lo largo del tiempo que dieron pie a un estado mental y neurofisiológico que se activará automáticamente cuando algo recuerde lo percibido. 𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐩𝐨𝐥𝐚𝐫𝐢𝐳𝐚𝐝𝐨: “No son buenos los extremos, aunque sea en la virtud.” Sta. Teresa de Jesús Es una distorsión cuando clasificamos a las personas, cosas o experiencias en términos extremos u opuestos (todo o nada, bueno o malo, blanco o negro) sin percatarse de los matices intermedios.Esta distorsión se puede originar en ambientes familiares y educativos donde no tiene cabida el error o la imperfección, lo que va a generar un estado de tensión e hipervigilancia para adaptarse a las circunstancias amenazantes y el surgimiento de una crítica interior feroz con uno mismo y con los demás por no alcanzar los estándares establecidos. 𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐫𝐚𝐝𝐚𝐬: “No vemos a los demás como son, sino como somos nosotros”. I. Kant Pueden ser de dos tipos: – 𝑳𝒂 𝒍𝒆𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒆𝒏𝒔𝒂𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐: Es una distorsión cuando suponemos los pensamientos y malas intenciones de los demás, sin una base real o contrastable para tales supuestos. Esto puede ser porque proyectamos nuestros miedos e inseguridades en los demás. Con frecuencia el origen de esta distorsión se debe a la sensación interiorizada de rechazo o crítica experimentada en la infancia o adolescencia, donde la persona aprendió a protegerse anticipando posibles perjuicios, pudiendo derivar en una actitud desconfiada y suspicaz. – 𝑬𝒍 𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒅𝒊𝒗𝒊𝒏𝒐: Es una distorsión cuando pensamos que todo va a salir mal, sin haber una evidencia real para ello. Con frecuencia este error de pensamiento se debe a que la persona ha experimentado muchos contratiempos o los ha visto en su ambiente familiar y piensa que siempre será así, pudiendo generar un estilo alarmista y pesimista. 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨́𝐥𝐨𝐠𝐚▪️Especialista en ansiedad y estrés▪️

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Distorsiones cognitivas

Aaron Beck y Albert Ellis, padres de la Terapia Cognitiva, se dieron cuenta en su práctica clínica de que existía una serie de errores de pensamiento y creencias irracionales que deformaban la forma de percibir e interpretar que tenían sus pacientes ante sus dificultades, provocándoles un gran malestar emocional que afectaba a su conducta y actitud. A. Beck identificó trece errores de pensamiento muy frecuentes en nuestra sociedad occidental, a los que denominó distorsiones cognitivas. Hoy comentaré tres de ellas e iré hablando de las demás en los siguientes posts. Los “debería” «Si te mantienes flexible, te mantendrás recto» — Lao Tsé Son aquellos pensamientos que nos empujan a ser los mejores en todos los aspectos de nuestra vida, llevándonos a ser muy críticos con nosotros mismos, con los demás y con la vida en general. Si no conseguimos lo que nos proponemos o aquello que creemos que la sociedad nos exige, podemos sentirnos perdedores, considerar a los demás inútiles o malintencionados y percibir la vida como injusta. Este juez crítico y condenatorio interiorizado nos ocasiona una gran preocupación, que se refleja en un cuerpo y una mente tensionados, generando frustración y resentimiento. Cuando esta dinámica se mantiene en el tiempo, puede originar trastornos de ansiedad o una depresión mayor. La clave para manejar estos imperativos es aprender a ser flexibles, adaptándonos a los diferentes momentos, ritmos y estados emocionales propios y ajenos, así como a los cambios inevitables de la vida. Visión catastrofista «La preocupación no elimina las penas del mañana; solo mina la fuerza del presente» — J. Watson Cronin Este tipo de pensamiento nos sitúa en el peor escenario posible, haciéndonos preocuparnos excesivamente como una forma de protegernos ante aquello que no podemos controlar. Sin embargo, esto genera una ansiedad innecesaria, ya que la mayoría de las veces se basa en miedos imaginarios. Además, cuando finalmente ocurren las situaciones que temíamos, solemos manejarlas mucho mejor de lo que habíamos anticipado. Para combatir esta forma de pensar, es necesario analizar sus consecuencias: ¿me ayuda este pensamiento o me genera más malestar? Aprender a disfrutar del presente y liberarnos del miedo a un futuro negativo resulta fundamental. Personalización «Si una persona no se quiere a sí misma, proyectará ese sentimiento y pensará que nadie podrá quererla» — Walter Riso Estos pensamientos nos llevan a creer que somos responsables de los objetivos y necesidades de los demás, generándonos un fuerte sentimiento de culpa cuando no logran resolver sus dificultades. Esto ocurre porque confundimos sentirnos queridos con sentirnos necesarios. Este tipo de pensamiento suele señalar una baja autoestima, ya que para querer y ayudar a otros es necesario querernos y ayudarnos primero a nosotros mismos. También implica ser conscientes de que no tenemos la varita mágica de hacer feliz o salvar a nadie y de que muy pocas cosas giran realmente en torno a nosotros.

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¿Es sana mi manera de pensar?

Cada día, una multitud de pensamientos atraviesa nuestra mente de forma automática e inconsciente. Estos pensamientos nos proporcionan información sobre lo que percibimos y experimentamos, afectando directamente a nuestro estado de ánimo y a nuestra disposición general. Por ello, resulta fundamental distinguir entre aquellos pensamientos que nos resultan útiles o beneficiosos y aquellos que, por el contrario, pueden ser erróneos, con el fin de poder modificarlos adecuadamente. Los pensamientos beneficiosos presentan varias características clave. En primer lugar, se apoyan en datos contrastables de nuestra propia experiencia, lo que les otorga una base sólida y realista. Además, describen la realidad sin recurrir a exageraciones, permitiendo una visión equilibrada de las situaciones. Suelen expresarse en términos de deseos o preferencias, lo que facilita una actitud más flexible y abierta ante las circunstancias. A nivel emocional, los pensamientos beneficiosos generan emociones de intensidad baja o moderada y de corta duración, contribuyendo a mantener la estabilidad emocional. Por último, este tipo de pensamientos facilita la resolución de problemas y la consecución de nuestros objetivos, ya que promueve una actitud constructiva y orientada a la búsqueda de soluciones. Por el contrario, los pensamientos perjudiciales se caracterizan por apoyarse en numerosas suposiciones no demostrables, lo que puede llevarnos a conclusiones erróneas o infundadas. Asimismo, suelen describir la realidad de forma distorsionada, dramática o catastrofista, incrementando el malestar emocional. Este tipo de pensamientos suele expresarse en términos de necesidades o exigencias, generando una presión interna que dificulta la adaptación a las circunstancias. Como consecuencia, producen emociones negativas intensas y duraderas, afectando a la calidad de vida y al bienestar emocional. Finalmente, los pensamientos perjudiciales obstaculizan la resolución de problemas y la consecución de nuestras metas, ya que tienden a bloquear el pensamiento creativo y las acciones eficaces. Las fuentes de las que emana la mayoría de los pensamientos dañinos son las denominadas distorsiones cognitivas, que consisten en formas distorsionadas de procesar la información derivadas de nuestras creencias, las cuales se han formado a partir de nuestras experiencias y aprendizajes. Estas distorsiones se irán comentando en los próximos posts.  

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Regulación de emociones

La autorregulación emocional es una capacidad fundamental para el bienestar psicológico. Se adquiere mediante la interiorización de las funciones tranquilizadoras que proporcionan los padres a sus hijos en las primeras etapas de la vida. En cambio, la desregulación emocional puede originarse a partir de experiencias tempranas de privación, abandono o frustración de las necesidades de apego e identidad, así como en cualquier momento del ciclo vital debido a situaciones de alta intensidad traumática o a pequeños eventos traumáticos repetidos que van alterando progresivamente el equilibrio emocional de la persona. En ambos casos, el sistema nervioso central puede quedar hiperexcitado y especialmente sensible a todo aquello que recuerde el estrés vivido, lo que termina afectando a todas las dimensiones de la personalidad. Para aprender a autorregularnos, el primer paso es reconocer que, aunque no podamos controlar completamente nuestras emociones, sí podemos decidir cómo reaccionamos ante ellas. Para ello, será necesario tomar cierta distancia respecto a la fuerza arrolladora o debilitante de determinadas emociones. Este proceso comienza cuando nos convertimos en nuestros propios observadores, adoptando una actitud de introspección sobre lo que está ocurriendo en nuestro mundo emocional. Las técnicas de respiración y relajación nos ayudarán a calmarnos, facilitando así la activación de la parte racional. No hay claridad mental si no hay sosiego corporal. De esta manera, estaremos en disposición de identificar, sin juicio crítico ni resistencias, cualquier emoción que nos genere malestar. A partir de ahí, reflexionaremos sobre el motivo de nuestra afectación y sobre lo que esa emoción significa para nosotros, con el fin de identificar qué necesitamos para recuperar la estabilidad emocional. Entre las principales habilidades de autorregulación emocional, destaco las siguientes: ▪️ Cuando el miedo o la ansiedad aparece en nuestras vidas tendemos a centrarnos en pensamientos catastróficos, por lo que debemos exponernos de manera gradual a lo que tememos, respirando y sustituyendo este tipo de pensamientos por otros más adaptativos. Una vez superado este miedo, saldremos fortalecidos. ▪️Cuando la pena nos abruma, puede ser conveniente retirarnos temporalmente para cuidar nuestro bienestar físico, lo que favorecerá la calma mental. Compartir el dolor con personas de confianza también puede aliviar la tristeza y hacernos sentir acompañados, siempre evitando caer en el victimismo y reabrir la herida constantemente. El dolor, en última instancia, se transita en soledad. ▪️Aprender a expresar la rabia de forma adecuada. Cuando se transforma en ira explosiva, es necesario tomar conciencia del disparo emocional, salir de la situación si es posible y canalizar esa energía intensa de forma no destructiva. ▪️Poner límites cuando percibimos un trato injusto y aprender a decir no cuando algo no nos conviene. La rabia puede convertirse en un potente motor para el crecimiento personal. La culpa, cuando es justificada, requiere aceptar nuestra parte de responsabilidad, reparar el daño y otorgarnos nuestro propio perdón, extrayendo un aprendizaje que nos libere del malestar. La vergüenza puede resultar muy paralizante, ya que tendemos a ver gigantes donde solo hay seres humanos imperfectos. Reírnos de nosotros mismos y de las situaciones puede ser un gran antídoto para relativizar lo ocurrido y, al mismo tiempo, obtener un aprendizaje valioso. La envidia nos señala algo que deseamos, sin darnos cuenta de que muchas veces está en nuestras manos alcanzarlo con esfuerzo y perseverancia, sin necesidad de compararnos ni de buscar la perfección. El resentimiento es una emoción altamente corrosiva, por lo que conviene neutralizarla cuanto antes mediante la expresión de lo que sentimos, ya sea de forma escrita, oral o artística. La presión o el estrés nos indican la necesidad de atender al cuerpo, cuidarlo y priorizar lo verdaderamente importante, para no sobrepasar nuestros límites físicos y mentales. Lo verdaderamente perjudicial es el bloqueo o la evitación de las emociones llamadas “negativas”, ya que esto suele generar aún más pensamientos y emociones dolorosas. Del mismo modo, recurrir a conductas analgésicas como las adicciones, las autolesiones, los trastornos alimentarios o las conductas de riesgo supone una huida que agrava el problema a largo plazo. Por último, cabe señalar que la distracción es una herramienta muy poderosa para la regulación emocional, especialmente cuando implica actividades manuales o movimiento corporal, ya que contribuye a disminuir la carga emocional y la rumia mental. 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨́𝐥𝐨𝐠𝐚▪️Especialista en ansiedad y estrés▪️

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Necesidades psicológicas

Las 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬 𝐩𝐬𝐢𝐜𝐨𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐚𝐬 surgen de un proceso de construcción entre varios factores, como las predisposiciones innatas, las preferencias y los valores afectivos sobre lo que consideramos bueno o malo para nosotros, la experiencia vivida, la regulación afectiva y la creación de significados. Nos sentimos bien cuando nuestras necesidades están satisfechas, lo cual se refleja en un buen equilibrio fisiológico, así como en un sólido sentido de coherencia y propósito. Todo ello nos conduce a una adecuada adaptación a nuestro entorno. En cambio, el sufrimiento psicológico es un indicador de que alguna necesidad no está siendo satisfecha, lo que se manifiesta en un desequilibrio fisiológico, mental y comportamental, obstaculizando dicha adaptación. Con frecuencia, este dolor está relacionado con alguna carencia en las primeras etapas de la vida que, al no ser reparada, dio lugar a un esquema mental y emocional doloroso que se activa cuando algo nos recuerda aquel malestar antiguo. Las necesidades insatisfechas más comunes, que generan infelicidad y dificultan el desarrollo del potencial personal, son: ▪La necesidad de sentirse conectado y comprendido, cuya carencia produce soledad, tristeza y la ansiedad básica de la inseguridad. ▪La necesidad de protección y seguridad, cuya carencia genera miedo. ▪La necesidad de sentirse respetado, reconocido como valioso, apreciado y validado en lo que la persona hace y en lo que es, cuya carencia produce vergüenza. El objetivo de la terapia es acceder a las necesidades no cubiertas que están enraizadas en esas antiguas emociones dolorosas, para conectar con emociones más adaptativas que permitan transformar los esquemas mentales perjudiciales en otros más saludables. El fin último es que la persona tome conciencia de sus necesidades psicológicas no atendidas —de conexión, protección y validación— y que se sienta merecedora de ellas. 𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨́𝐥𝐨𝐠𝐚▪Especialista en ansiedad y estrés▪

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Trastornos Psicológicos

La mayoría de los trastornos psicológicos están formados por emociones dolorosas no procesadas adecuadamente por el cerebro, debido al impacto emocional de un hecho traumático o a la falta de recursos cognitivos y de apoyo, característicos de los trastornos de apego en la primera infancia y preadolescencia. Dichos trastornos originan esquemas afectivos disfuncionales de carácter inconsciente, que afloran automáticamente cuando algo recuerda el dolor emocional original, obstaculizando el equilibrio psicológico en el presente. Por ello, es necesario acceder al paisaje emocional interno de la persona para cambiar los patrones disfuncionales por otros que aporten estabilidad, comprensión, resiliencia y crecimiento personal. Este trabajo se lleva a cabo en dos fases: Primera fase. Consiste en ayudar a la persona a que sea consciente de su experiencia afectiva y corporal, aceptarla y expresarla verbalmente, otorgándole un significado personal. Al mismo tiempo, se aportan habilidades para manejar la desregulación fisiológica y cognitiva, de modo que no se deje atrapar por el fluctuante malestar afectivo que predispone a actuar de manera impulsiva; por ejemplo: la huida ante el miedo o la ansiedad; la ira cuando se percibe una injusticia; el aislamiento ante la vergüenza; o la búsqueda de atención y protección ante la tristeza.De esta manera, se toma control del malestar para empezar a trabajar en lo que se necesita y se quiere hacer para resolver las dificultades.Al mismo tiempo, se identifican las creencias negativas o irracionales que arrastra la persona desde las circunstancias adversas en relación consigo misma, con los demás y con el mundo. Esto nos lleva a determinar qué necesidades o deseos insatisfechos están en la base de la perturbación emocional, como la necesidad de amor, seguridad, aceptación, protección, validación, compañía y consuelo. Segunda fase. Es la de la intervención y consiste en que, una vez la persona sea capaz de acceder a sus necesidades insatisfechas junto con la emocionalidad asociada (inseguridad, miedo, tristeza, vergüenza o rabia), se reprocesan los incidentes traumáticos y se reparan las necesidades que no se pudieron cubrir en su momento mediante técnicas de intervención experienciales apropiadas a cada caso. Estas pueden ser guiadas mediante imaginación y juegos proyectivos, o a través de un reprocesamiento cerebral espontáneo como el abordaje EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares o Estimulación Bilateral).El objetivo es transformar las emociones y creencias negativas en otras más adaptativas, que conduzcan a la persona a adquirir una nueva visión de sí misma y de los hechos acontecidos, reflejada en una narrativa libre del sufrimiento y la confusión de la carga traumática: «Esto fue lo que me pasó y significó para mí. Ya no me quiebro y sigo adelante.»

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El Triángulo Dramático de Karpman

Hoy voy a hablar del 𝐓𝐑𝐈𝐀́𝐍𝐆𝐔𝐋𝐎 𝐃𝐑𝐀𝐌𝐀́𝐓𝐈𝐂𝐎 𝐃𝐄 𝐊𝐀𝐑𝐏𝐌𝐀𝐍, que es un modelo psicológico perteneciente a la terapia del Análisis Transaccional, donde explica que existen tres formas de relación dañinas que se pueden dar entre dos o más personas. Estas interacciones nocivas se basan en diferentes estados mentales que llevan a las personas a ejercer un determinado rol con el objetivo de dominar; ser apreciados o que las cuiden. Son los denominados 𝐫𝐨𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐞𝐫𝐬𝐞𝐠𝐮𝐢𝐝𝐨𝐫, 𝐞𝐥 𝐒𝐚𝐥𝐯𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐲 𝐥𝐚 𝐕𝐢́𝐜𝐭𝐢𝐦𝐚.Se caracterizan por ser defensas emocionales que se adquieren en la infancia para protegerse de un estrés o tensión emocional persistente derivados de patrones de relación familiar disfuncionales.  S. Karpman lo ejemplifica con un triángulo porque las personas pueden pasar por los tres vértices o roles a la hora de manejar una situación incómoda o conflictiva, atrapándolas en estados de drama improductivos y sin sentido; aunque siempre va a predominar el rol que se le fue asignado de pequeño o el que le permitió sentirse visto, sentido o querido.   𝑬𝒍 𝒓𝒐𝒍 𝒅𝒆𝒍 𝑷𝒆𝒓𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒅𝒐𝒓: 𝒍𝒂 𝒎𝒆𝒋𝒐𝒓 𝒅𝒆𝒇𝒆𝒏𝒔𝒂 𝒆𝒔 𝒖𝒏 𝒂𝒕𝒂𝒒𝒖𝒆 Se compone de la voz crítica y condenatoria internalizada de los mayores que intentaban proteger, manipular y controlar.         Se activa cuando la persona se siente amenazada y se protege mediante la crítica, el hostigamiento, la frialdad emocional, una actitud de superioridad o el castigo como medio de dominio y control. Esto es debido a que la persona proyecta su miedo sobre los demás y buscará a un “enemigo” o «enemigos» para echarle la culpa de su malestar. De esta forma, evitará mirarse hacia adentro para determinar la causa de su vergüenza, preocupación o inseguridad. En el fondo de esta dureza se encuentra un niñ@ interior vulnerable debido a la falta de cariño, validación y a la vergüenza sentida de pequeño, por lo que tuvo que reprimir la tristeza y la rabia que saldrá como un disparo de furia ante cualquier interacción que pueda dejar al descubierto su vulnerabilidad. 𝑬𝒍 𝒓𝒐𝒍 𝒅𝒆𝒍 𝑺𝒂𝒍𝒗𝒂𝒅𝒐𝒓: 𝑵𝒐 𝒐𝒔 𝒑𝒓𝒆𝒐𝒄𝒖𝒑𝒆́𝒊𝒔, 𝒆𝒔𝒕𝒐𝒚 𝒂𝒒𝒖𝒊́ 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒔𝒂𝒍𝒗𝒂𝒓𝒐𝒔 Se caracteriza por una antigua voz familiar y de ciertos sectores de la sociedad que predicaban que para ser una buena persona era necesario sacrificarse por la felicidad y bienestar de los demás en detrimento propio. Con frecuencia, estas personas han aprendido que ser buenos y complacientes era la mejor forma de evitar o apaciguar los conflictos familiares y sentirse queridos e importantes, sintiendo mucha culpabilidad si anteponían su propio interés. Aunque pueden estar orgullosas de su supuesta «bondad», en el fondo pueden sentir un vacío o resquemor debido a que la felicidad no depende del bienestar que se aporte a los demás, sino del amor, los cuidados a uno mismo y la búsqueda de propósitos personales. Con frecuencia, esta ayuda salvadora puede traer más problemas que soluciones, pudiendo provocar en las personas implicadas un intercambio de posicionamiento de roles. Una manera de detectar al salvador que llevamos dentro es cuando hacemos algo que no queremos hacer por los demás o hacemos más de lo que nos corresponde. 𝑬𝒍 𝒓𝒐𝒍 𝒅𝒆 𝒗𝒊́𝒄𝒕𝒊𝒎𝒂: 𝑨𝒚𝒖́𝒅𝒂𝒎𝒆, 𝒔𝒐𝒍𝒐 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒐 Es la voz del niño interior herido que se manifiesta cuando la persona se siente víctimas de su mala suerte, su pasado, de unos genes defectuosos o de las manipulaciones de los demás; por lo que permiten que otros se hagan cargo de sus vidas y cuiden de ellos. El origen de este rol puede deberse tanto a una sobreprotección como a negligencia parental o a hechos traumáticos, donde el niñ@ se sintió en peligro, débil, indefenso o insignificante.  Las víctimas pueden sentir mucha ansiedad y vergüenza porque se ven incapaces de afrontar la vida y las relaciones con seguridad y confianza. Esto se debe a la poca consideración y amor que se tienen que van a obstaculizar la toma del timón de sus vidas con determinación y valentía. Es muy común que detrás de una víctima haya un salvador y un perseguidor que inconscientemente están favoreciendo este posicionamiento infantil. Para salir de estados emocionales dañinos será necesario que seamos conscientes de cómo nos sentimos y reaccionamos ante interacciones molestas o conflictivas y cómo los demás nos quieren enganchar al triángulo dramático. Observar lo que nos decimos y sentimos y cuáles son nuestras pautas de conducta a la hora de relacionarnos, sin enjuiciamiento de ningún tipo.  Seamos honestos y sinceros con nosotros mismos y con los demás, así como desprendernos de los sentimientos de vergüenza, culpabilidad y victimismo que son los que mantienen el triángulo dramático. Y la forma de desprenderse es priorizarnos siempre, buscar lo que nos haga felices. De esta forma, evitaremos tener nuestro propio triángulo dramático interno que es el que realmente propicia la activación del drama en nuestras relaciones con los demás.

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