Desde mi punto de vista, la tolerancia y el respeto empieza en uno mismo.
Ser tolerante es aceptar lo que nos ha tocado en suerte en esta vida.
Desde esta mirada abierta, compresiva y compasiva podemos ser tolerantes y respetuosos con los demás.
Nadie tiene la potestad de elegir en qué vientre materno o familia se va a engendrar y educar, ni las características físicas y sexuales, así como la identidad de género y la orientación sexual. Tampoco podemos elegir en qué contexto socio-cultural vamos a nacer, ni las vicisitudes que podamos encontrar en el camino.
Desde esta no elección, es necesario tomar conciencia de la importancia de tolerar e incluir el tesoro que representa la diversidad humana y su expresión, desde el respeto, la empatía y la buena voluntad de la mutua colaboración; para que avancemos como una sociedad libre, enriquecida y sin prejuicios.



