Hoy quiero recomendar esta interesantísima novela del pianista y escritor James Rhodes.
En ella describe, de forma muy delicada, el abuso sexual continuado que sufrió siendo niño y las secuelas que le han dejado; y cómo la música clásica, especialmente J. S. Bach, le salvó la vida.
El 𝐚𝐛𝐮𝐬𝐨 𝐬𝐞𝐱𝐮𝐚𝐥 𝐢𝐧𝐟𝐚𝐧𝐭𝐢𝐥 es un hecho frecuente y muy traumático en la vida de un niño, generando unos daños muy graves, y a veces irreversibles, en su desarrollo neurológico, fisiológico, emocional, cognitivo y espiritual.
Con el agravante de que, la mayoría de las veces, es un fenómeno invisible, dominado por el discurso del silencio y tolerancia que ha envuelto la violencia sexual a través de los tiempos.
El 𝐚𝐛𝐮𝐬𝐚𝐝𝐨𝐫 suele ser una persona muy cercana a la víctima, que va ganando su confianza de forma progresiva y atenta, haciendo que el niño se siente importante y especial.
La 𝐯𝐢́𝐜𝐭𝐢𝐦𝐚, desde su ingenuidad, entra en esa dinámica hasta que se da cuenta de que eso no está bien o lo hace sufrir, pero se siente atrapada ante las amenazadas del abusador o una lealtad mal entendida, y por las posibles represalias e incomprensión de su entorno familiar.
Provocando todo ello un gran estrés en el infante que, por su inmadurez y soledad, no sabrá manejar, donde la ansiedad, la rabia o la tristeza harán mella en un cuerpo violentado y, una forma de pensar negativa sobre sí mismo y los demás, debido a la culpabilidad, la vergüenza y la desconfianza que conllevan este tipo de 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚, afectando a todos los ámbitos de su vida y que, si no se atiende y repara adecuadamente, lo acompañara a lo largo de su existencia.



