La vida duele

La vida duele, esta es una verdad inevitable que todos vamos a experimenta en algún momento de la vida.

Cierto es que a unos les golpea más que a otros en forma de una mayor prontitud, intensidad, frecuencia, irracionalidad o a un sin sentido.

Lo que nos va a ayudar a salir de este paraje sombrío es ser conscientes de lo que estamos viviendo momento a momento con toda nuestra presencia y aceptación, sin añadir juicios de valoración negativos a lo que es, a lo que fue o pudo ser, a lo que será y a lo que somos.

De esta manera, seremos capaces de hallar nuestra brújula y linterna interior para abrimos paso y guiarnos con serenidad a un lugar de luminosidad.

Para ello, el dolor tiene que ser limpio, es decir, experimentar el malestar natural que conllevan los problemas reales y no un dolor sucio que implica una lucha desgastante como innecesaria por controlar, eliminar o evitar las problemas y la aflicción.

De esta manera, estaremos en disposición de erguirnos y mirar al frente, sostenidos en nuestros valores y propósitos más profundos para plasmarlos con valentía en un compromiso con nuestras pequeñas o grandes acciones, que son las que en verdad nos van a sacar del sufrimiento emocional.

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