Según nos hablamos a nosotros mismos

Nuestra forma de pensar condiciona la manera en cómo percibimos la realidad, afectando a nuestros sentimientos y comportamientos.
Para manejar los pensamientos que obstaculizan nuestro bienestar es necesario tomar conciencia de los errores de pensamiento y de las creencias irracionales, para así cambiarlos por otros más realistas y beneficiosos.

Hoy voy a comentar las siguientes distorsiones cognitivas descritas por A. Beck:

𝐑𝐚𝐳𝐨𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥: “Lo siento, luego existo”. J. J. Rousseau

Es una distorsión cuando suponemos que nuestras emociones negativas son un fiel reflejo de nuestra realidad, sin pararnos a analizar los pensamientos que sustentan esas emociones de manera racional.
La mayoría de las veces no tiene nada que ver con la realidad presente, sino con las vivencias que hemos experimentado a lo largo del tiempo que dieron pie a un estado mental y neurofisiológico que se activará automáticamente cuando algo recuerde lo percibido.

𝐏𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐩𝐨𝐥𝐚𝐫𝐢𝐳𝐚𝐝𝐨: “No son buenos los extremos, aunque sea en la virtud.” Sta. Teresa de Jesús

Es una distorsión cuando clasificamos a las personas, cosas o experiencias en términos extremos u opuestos (todo o nada, bueno o malo, blanco o negro) sin percatarse de los matices intermedios.
Esta distorsión se puede originar en ambientes familiares y educativos donde no tiene cabida el error o la imperfección, lo que va a generar un estado de tensión e hipervigilancia para adaptarse a las circunstancias amenazantes y el surgimiento de una crítica interior feroz con uno mismo y con los demás por no alcanzar los estándares establecidos.

𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐫𝐚𝐝𝐚𝐬: “No vemos a los demás como son, sino como somos nosotros”. I. Kant

Pueden ser de dos tipos:

– 𝑳𝒂 𝒍𝒆𝒄𝒕𝒖𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒑𝒆𝒏𝒔𝒂𝒎𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐: Es una distorsión cuando suponemos los pensamientos y malas intenciones de los demás, sin una base real o contrastable para tales supuestos. Esto puede ser porque proyectamos nuestros miedos e inseguridades en los demás. Con frecuencia el origen de esta distorsión se debe a la sensación interiorizada de rechazo o crítica experimentada en la infancia o adolescencia, donde la persona aprendió a protegerse anticipando posibles perjuicios, pudiendo derivar en una actitud desconfiada y suspicaz.

– 𝑬𝒍 𝒆𝒓𝒓𝒐𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒅𝒊𝒗𝒊𝒏𝒐: Es una distorsión cuando pensamos que todo va a salir mal, sin haber una evidencia real para ello. Con frecuencia este error de pensamiento se debe a que la persona ha experimentado muchos contratiempos o los ha visto en su ambiente familiar y piensa que siempre será así, pudiendo generar un estilo alarmista y pesimista.

𝐂𝐚𝐫𝐦𝐞𝐧 𝐂𝐨𝐮𝐭𝐢𝐧𝐡𝐨 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨́𝐥𝐨𝐠𝐚
▪️Especialista en ansiedad y estrés▪️

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