Aaron Beck y Albert Ellis, padres de la Terapia Cognitiva, se dieron cuenta en su práctica clínica de que existía una serie de errores de pensamiento y creencias irracionales que deformaban la forma de percibir e interpretar que tenían sus pacientes ante sus dificultades, provocándoles un gran malestar emocional que afectaba a su conducta y actitud.
A. Beck identificó trece errores de pensamiento muy frecuentes en nuestra sociedad occidental, a los que denominó distorsiones cognitivas. Hoy comentaré tres de ellas e iré hablando de las demás en los siguientes posts.
Los “debería”
«Si te mantienes flexible, te mantendrás recto» — Lao Tsé
Son aquellos pensamientos que nos empujan a ser los mejores en todos los aspectos de nuestra vida, llevándonos a ser muy críticos con nosotros mismos, con los demás y con la vida en general. Si no conseguimos lo que nos proponemos o aquello que creemos que la sociedad nos exige, podemos sentirnos perdedores, considerar a los demás inútiles o malintencionados y percibir la vida como injusta.
Este juez crítico y condenatorio interiorizado nos ocasiona una gran preocupación, que se refleja en un cuerpo y una mente tensionados, generando frustración y resentimiento. Cuando esta dinámica se mantiene en el tiempo, puede originar trastornos de ansiedad o una depresión mayor.
La clave para manejar estos imperativos es aprender a ser flexibles, adaptándonos a los diferentes momentos, ritmos y estados emocionales propios y ajenos, así como a los cambios inevitables de la vida.
Visión catastrofista
«La preocupación no elimina las penas del mañana; solo mina la fuerza del presente» — J. Watson Cronin
Este tipo de pensamiento nos sitúa en el peor escenario posible, haciéndonos preocuparnos excesivamente como una forma de protegernos ante aquello que no podemos controlar.
Sin embargo, esto genera una ansiedad innecesaria, ya que la mayoría de las veces se basa en miedos imaginarios. Además, cuando finalmente ocurren las situaciones que temíamos, solemos manejarlas mucho mejor de lo que habíamos anticipado.
Para combatir esta forma de pensar, es necesario analizar sus consecuencias: ¿me ayuda este pensamiento o me genera más malestar? Aprender a disfrutar del presente y liberarnos del miedo a un futuro negativo resulta fundamental.
Personalización
«Si una persona no se quiere a sí misma, proyectará ese sentimiento y pensará que nadie podrá quererla» — Walter Riso
Estos pensamientos nos llevan a creer que somos responsables de los objetivos y necesidades de los demás, generándonos un fuerte sentimiento de culpa cuando no logran resolver sus dificultades. Esto ocurre porque confundimos sentirnos queridos con sentirnos necesarios.
Este tipo de pensamiento suele señalar una baja autoestima, ya que para querer y ayudar a otros es necesario querernos y ayudarnos primero a nosotros mismos. También implica ser conscientes de que no tenemos la varita mágica de hacer feliz o salvar a nadie y de que muy pocas cosas giran realmente en torno a nosotros.



