«Los pensamientos o palabras de cada creencia simplemente verbalizan la perspectiva y la emoción presentes en las redes de memoria no procesadas.»
Francine Shapiro
En este blog y en los siguientes iré comentando las principales creencias irracionales de Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva.
Son ideas o convicciones muy profundas que se han ido enraizando en nuestra mente desde la más tierna infancia como resultado de la cultura, la educación y experiencias que quedaron almacenadas de forma disfuncional, así como de la propia inmadurez reflexiva infantil.
Estas ideas nos dicen cómo deberían ser las cosas y nos generan un gran malestar emocional cuando la realidad no se ajusta a ellas. Suelen expresarse en términos como siempre, nunca, debería, tengo que, deberían o tendría que. De ellas emanan las distorsiones cognitivas vistas con anterioridad.
La primera creencia irracional
La necesidad extrema, para un ser humano adulto, de ser amado y aprobado por prácticamente cada persona importante de su entorno.
Es irracional porque se trata de algo imposible y que va a generar mucha preocupación y esfuerzo. Con frecuencia, los resultados conllevan frustración, rabia, tristeza y baja autoestima, ya que la aprobación y el amor que esperamos de los demás no están bajo nuestro control directo. Además, esta actitud suele conducir a un desgastante servilismo, dependencia emocional y pérdida de identidad, alejándonos más de nosotros mismos de lo que nos acerca a los demás.
Una pregunta para reflexionar sobre este debería interno es la siguiente:
¿Qué quiero hacer en el curso de mi relativamente corta vida?
En lugar de:
¿Qué creo que les gustaría a los demás que hiciera?
Es decir, ¿quiero ser feliz o hacer felices a los demás?
No se trata de egoísmo, sino de inteligencia emocional, ya que, si uno es feliz con lo que es y con lo que hace, estará en mejor disposición de aportar cosas buenas a su entorno y de ser apreciado por ser una persona valiosa.
La segunda creencia irracional
Para considerarse a uno mismo meritorio, se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.
Es irracional porque también es algo imposible e irrealista. No se puede ser bueno en todo y mucho menos ser perfecto en nada.
Esta creencia conlleva un gran miedo al fracaso o a cometer errores, lo que genera mucha ansiedad y puede obstaculizar un buen desempeño. Además, provoca un enorme estrés físico y mental por querer abarcarlo todo y hacerlo bien.
Para aplacar este debería será necesario darse cuenta de que todos cometemos errores y de que el fracaso es una valiosísima experiencia de aprendizaje. Por ello, resulta oportuno prestar más atención al disfrute de lo que estamos haciendo, viendo los errores como oportunidades de avance más que como fracasos en sí mismos.
De esta manera, probablemente llegaremos al éxito y a una mayor satisfacción con nosotros mismos.



