Violencia de la mujer

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La violencia contra la mujer es un hecho muy frecuente en todos los ámbitos de la sociedad, siendo muy devastadora en el entorno familiar por su carga traumática para la mujer y su descendencia.

Ocasionando en las víctimas graves daños físicos, psicológicos y llevándolas a conductas de riesgo para afrontar el dolor, el miedo, la vergüenza y, en casos extremos, al suicidio.

La mujer puede minimizar y justificar al maltratador, pensando que ella es merecedora de ese maltrato o por salvaguardar a sus hijos, que con el tiempo puede llegar a un estado de aislamiento e indefensión, generando muchos problemas en su salud física y mental, donde la autoestima y la toma de decisiones se verán muy perjudicadas.

El proceso de escalada de violencia normalmente empieza con agresiones psicológicas, verbales y físicas, acabando en el peor de los casos con la muerte de la víctima.

Un rasgo distintivo de este tipo de violencia es su ciclo repetitivo: consistente en una fase de acumulación de tensión, siguiendo la fase de explosión y, por último, la fase denominada «luna de miel»; donde el maltratador puede negar la violencia o se disculpa, echándole la culpa a la bebida, a las drogas, al estrés o la provocación de la mujer, mostrándose muy arrepentido y prometiendo que no volverá a suceder.

Este viejo fenómeno es debido a la desigualdad del poder, a la añeja educación sexista y a una dañada personalidad del abusador; cuyo abordaje pasa por una educación igualitaria, medidas preventivas y de sensibilización, paliativas y legales.

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