Clásico imprescindible

¡Es tiempo de Navidad! Una época alegre y mágica para los niños, y entrañable para la mayoría de los adultos, que nos retrotrae a un tiempo no muy lejano, donde nuestros mayores han sabido sembrar cuidadosamente, en nuestro corazón, el Espíritu de la Navidad, con las semillas del amor, la ilusión, la bondad, la gratitud, la solidaridad, el perdón y el renacer ante la adversidad.

Valores imprescindibles para vivir en armonía con uno mismo y con los demás.

Por todo esto, considero conveniente fomentar este legado en la infancia para que ayude a florecer estas cualidades esenciales para un buen desarrollo psicoemocional y relacional, favoreciendo un mundo mejor.

A medida que vamos sufriendo pérdidas, y nos vamos haciendo mayores, la Navidad puede dolernos en forma de añoranza, tristeza, ansiedad y rabia; emociones que indican la extrañeza de las ausencias, de un tiempo feliz y de las sombras que nos acechan.

Una forma de sosiego es darnos permiso para recordar a los que ya no están, sintiendo su amor y esencia dentro de nosotros y, de esta manera, podremos percibir su energía bondadosa y protectora, permitiéndonos reavivar la llama de la ilusión del niñ@ que fuimos, para dejarnos llevar por la magia de la Navidad y adentrarnos en el Nuevo Año con esperanza y buenos propósitos.

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