Creencias centrales

Las 𝐂𝐑𝐄𝐄𝐍𝐂𝐈𝐀𝐒 𝐂𝐄𝐍𝐓𝐑𝐀𝐋𝐄𝐒 son un tipo de pensamientos que están en el nivel más profundo de nuestra conciencia, son nuestros valores fundamentales, nuestra identidad.

Metafóricamente, podríamos decir que los pensamientos, imágenes y recuerdos que aparecen en la mente de forma automática se parecen a las flores y las malas hierbas de un jardín; las flores serían los pensamientos, imágenes y recuerdos positivos, que nos ayudan y benefician, y las malas hierbas los que nos perjudican.

Los pensamientos que conllevan nuestras valoraciones, suposiciones y normas serían las raíces y las creencias centrales serían las semillas donde germina nuestra particular forma de percibir y pensar.

Estas creencias están formadas por los mensajes recibidos en la infancia y adolescencia sobre cómo somos nosotros, los demás y la vida en general.

A medida que vamos creciendo, estas creencias se van haciendo más flexibles, se toma una mayor perspectiva y compresión de lo que nos ha pasado, de cómo son las cosas y el mundo en general, pero algunas creencias se siguen manteniendo en la edad adulta debido a la carga traumática de ciertas vivencias y, a ciertos mensajes negativos repetitivos que con el tiempo han podido crear heridas invisibles en los más jóvenes debido a su inmadurez mental.

Normalmente, estas ideas, cuando se refieren a uno mismo, se relacionan con la valía y competencia personal y, el ser o no ser merecedores de respeto y amor.

Para identificar estas creencias disponemos de una técnica llamada flecha descendente que consiste en hacerse una pregunta cuando surge en la mente un pensamiento inquietante o doloroso sobre nosotros, los demás o de cualquier situación: Si esto es cierto, ¿qué dice esto o significa para mí? (Tirando del hilo llegaremos a la creencia central).

<< 𝘾𝙧𝙚𝙤 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤 𝙡𝙚 𝙘𝙖𝙞𝙜𝙤 𝙗𝙞𝙚𝙣 𝙖 𝙁𝙪𝙡𝙖𝙣𝙞𝙩𝙤. 𝙎𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙚𝙨 𝙘𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤, ¿𝙦𝙪𝙚́ 𝙙𝙞𝙘𝙚 𝙙𝙚 𝙢𝙞́ 𝙤 𝙨𝙞𝙜𝙣𝙞𝙛𝙞𝙘𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢𝙞?
𝘾𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙢𝙚 𝙖𝙘𝙚𝙧𝙘𝙤 𝙖 𝙡𝙖 𝙜𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙣𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙘𝙖𝙞𝙜𝙤 𝙗𝙞𝙚𝙣; 𝙎𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙚𝙨 𝙘𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤, ¿𝙦𝙪𝙚́ 𝙙𝙞𝙘𝙚 𝙙𝙚 𝙢𝙞́? ¿𝙎𝙞𝙜𝙣𝙞𝙛𝙞𝙘𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢𝙞́?
𝙉𝙪𝙣𝙘𝙖 𝙩𝙚𝙣𝙙𝙧𝙚́ 𝙞𝙣𝙩𝙞𝙢𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙘𝙤𝙣 𝙣𝙖𝙙𝙞𝙚. 𝙎𝙞 𝙚𝙨𝙩𝙤 𝙚𝙨 𝙘𝙞𝙚𝙧𝙩𝙤; ¿𝙦𝙪𝙚́ 𝙙𝙞𝙘𝙚 𝙙𝙚 𝙢𝙞́ 𝙤 𝙨𝙞𝙜𝙣𝙞𝙛𝙞𝙘𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙢𝙞́?
𝙉𝙖𝙙𝙞𝙚 𝙢𝙚 𝙦𝙪𝙞𝙚𝙧𝙚>>.

Una vez llegada a la creencia central, estaremos en disposición para cambiarla por otra más beneficiosa y racional.

Para ello es necesario, en primer lugar, explorar en la línea de vida de la persona el posible origen de la creencia perjudicial para ampliar la mirada y compresión de los hechos con una mayor objetividad.

En segundo lugar, se identificará las deformaciones de percepción y pensamientos que se han podido derivar de dicha creencia dañina.

En tercer lugar, buscaremos nuevas creencias beneficiosas mediante la búsqueda de pruebas y experiencias que la apoyen y contradigan la antiguas; ya que los seres humanos tenemos una tendencia innata a fijarnos en lo negativo, pasando por alto los aspectos positivos.

Y, por último, reforzaremos las nuevas creencias mediante la experimentación de conductas que encajen con la nueva forma de pensar; donde la persona se dará cuenta de lo ilógico y perjudicial de las antiguas creencias, consiguiendo una así una mayor confianza y autoestima.

En el caso de traumas, donde se vio comprometida la seguridad física de la persona o en los casos de traumas de apego será conveniente un trabajo de reprocesamiento neuroemocional y reparación de los vínculos de apego.

De esta manera podremos extraer las semillas podridas y sembrar otras nuevas de las que puedan germinar raíces sanas para que broten hermosas flores y no malas hierbas.

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