Cambios en el cerebro durante el embarazo

Bien es sabido y demostrado científicamente que los cambios que ocurren en el cerebro de una mujer cuando va a ser madre son los más profundos y permanentes en su vida, afectando a su forma de pensar, sentir y a sus prioridades.

A las dos semanas de embarazo, cuando el embrión se conecta con el riego sanguíneo materno, empiezan los cambios hormonales en el cuerpo y en el cerebro de la madre. Gracias a la hormona progesterona, el cuerpo se prepara y el cerebro se serena, reflejándose en un mayor cansancio y somnolencia, un aumento de la apetencia por algunos alimentos y repudiando otros debido a la hipersensibilidad del olfato como medio de protección a ciertos alimentos que pudieran dañar al feto; contribuyendo a las típicas náuseas y arcadas de los primeros meses.

Al cuarto mes, el cerebro ya se ha habituado a los cambios hormonales, generalmente los malestares van desapareciendo y toda la atención de la futura madre, consciente e inconsciente, se centra en el ser que lleva en su vientre.

Al quinto mes, tomará plena conciencia de que va a ser mamá gracias a las pataditas y movimientos del feto y podrá a comunicarse con él mediante caricias en su abdomen, pudiendo sentir cómo le responde y empezará a fantasear cómo será su carita y su nueva vida tras el nacimiento.

Si el bebé es deseado y la madre se siente bien, va a ser un momento único y especial, siendo para mí, el origen del vínculo de apego y de la responsabilidad de la madre hacia su hij@ hasta el fin de sus días.

La gestación es un periodo de mucha tensión en el cuerpo y la mente, debido a la gran variedad de cambios y malestares físicos, y al surgimiento de un batiburrillo de emociones positivas y negativas, ante la incertidumbre de todo el proceso de la gestación, el parto y la futura realidad.

Tras el nacimiento, la vida y el cerebro de la mujer, ha cambiado para siempre. La vulnerabilidad del recién nacido, su peculiar olor, el tacto suave, la mirada indefensa y los diferentes tipos de llantos quedarán grabados en todo el ser maternal.

A los pocos días o semanas, si todo va bien, se siente una gran oleada de amor semejante a la primera fase del amor romántico, debido a las hormonas dopamina y oxitocina; que refuerzan el vínculo del apego, produciendo grandes sentimientos de euforia y felicidad.

Es necesario puntualizar que las mujeres y hombres que han adoptado o que no han podido vincularse inmediatamente después del parto, pueden responder de un modo maternal a partir del momento que empiecen a tener una relación tierna y constante con el bebé. Desde el punto de vista del neonato lo importante es la sensibilidad, la sincronía y la constancia de sus cuidadores a sus necesidades físicas y emocionales.

A medida que pasan los días la única preocupación de la madre va a ser la protección y el bienestar de su pequeñ@, favorecida por el aumento del instinto agresivo y protector que se desencadena tras el parto, volviéndose muy vigilante y recelosa en todos los aspectos que conciernen a su retoño; adquiriendo una mayor flexibilidad, adaptación y valentía para cuidar y proteger a su bebé quepersistirá muchos años después del que hij@ deje el nido vacío.

Otro momento especial es el acto de amamantar, que puede ser difícil al principio, pero en el plazo de algunas semanas la experiencia se vuelve placentera y saludable tanto para el recién nacido como para la madre porque genera relajación e intensas oleadas de amor debido al aumento de la oxitocina, la dopamina y la prolactina. Si no se puede amantar, el solo hecho del contacto corporal y visual, el olor del lactante va a ser condiciones suficientes para generar el mismo bienestar y despertar el vínculo de apego entre el bebé y la figura maternal.

Con frecuencia, el aumento de estas hormonas, la dopamina y la oxitocina, interfiere en las relaciones íntimas con la pareja debido a que las necesidades de amor y placer de la madre están plenamente satisfechas y, también por el cansancio físico- psíquico que acarrea el primer año de crianza.

Uno de los inconvenientes de lactancia materna es que pueden prolongar o aumentar la neblina mental que puede darse tras el parto, que irá desapareciendo tras el destete. Muchas madres, especialmente primerizas, cuando le dan el alta maternal y no pueden estar cerca ni amamantar a sus bebés con la misma frecuencia, pueden sentir síntomas de abstinencia, caracterizado por miedo, ansiedad y hasta ataques de angustia. Se supone a que es debido a la disminución del suministro de la oxitocina- dopamina y por el exacerbado instinto protector; pudiendo afectar a su desempeño en su trabajo y a la crianza de otros hijos.
Será necesario solventarlo físicamente con el uso del sacaleches, así como el darse permiso para delegar y confiar el cuidado de su descendencia a otras personas o instituciones, sin sentirse culpable y frustrada.

Para concluir, me gustaría decir que el desarrollo mental y emocional de una madre va a depender en gran medida de su madurez y su estado mental, el deseo de ser madre y de su buena planificación, de la relación que ha tenido con su propia madre o una figura materna de referencia porque, si no se ha sentido querida y cuidada, va a ser difícil que pueda transmitir
esos valores a sus hij@s, de la salud y el temperamento del bebé y, el entorno en el que va a ejercer la maternidad.

Será necesario que se sienta apoyada física y emocionalmente por su pareja, la familia, otras madres, y por las facilidades creadas por los poderes públicos para que la mujer pueda conciliar su maternidad con su vida laboral y social, así como la aportación de ayudas sociales y económicas para que las menos favorecidas puedan llevar a cabo la gestación y la crianza de
sus hij@s en las mejores condiciones.

𝐌𝐚𝐝𝐫𝐞𝐬 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐣𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐲 𝐚𝐦𝐨𝐫𝐨𝐬𝐚𝐬, 𝐡𝐢𝐣@𝐬 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐨𝐬 𝐲 𝐬𝐚𝐭𝐢𝐬𝐟𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬.

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