La responsabilidad de sí mismo

Para sentirse competente para vivir y digno de la felicidad, es necesario estar dispuesto asumir la responsabilidad de la propia vida y del propio bienestar. 


De esta manera, tendremos cierto control sobre nuestras vidas, que se reflejará en una forma de pensar independiente y un respeto sobre lo que piensan y hacen las demás personas.


Para ello es necesario reflexionar y llevar a cabo los siguientes aspectos:


▪️ 𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐠𝐫𝐚𝐫 𝐲 𝐬𝐚𝐭𝐢𝐬𝐟𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐨́𝐬𝐢𝐭𝐨𝐬 𝐲 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨𝐬: ¿Qué estoy dispuesto hacer para conseguir lo que quiero? 


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚𝐬 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐚𝐜𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬: Somos los principales responsables de lo que elegimos y hacemos.


▪️ 𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐧𝐢𝐯𝐞𝐥 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐚𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚 𝐚𝐥 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐨 𝐪𝐮𝐞𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫𝐞𝐬: ¿Estoy dando lo mejor de mí? 


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐧𝐢𝐯𝐞𝐥 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬: ¿Estoy totalmente presente en mis encuentros con los demás y lo que se dice? ¿Me doy cuenta de cómo resultan afectados los demás por lo que digo y hago?


▪️ 𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐮𝐜𝐭𝐚 𝐜𝐨𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐦𝐚́𝐬: Nadie tiene la culpa de lo que interpreto, digo y hago.


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐜𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬: ¿Me comunico con claridad y respeto?   


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐣𝐞𝐫𝐚𝐫𝐪𝐮𝐢𝐳𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐥 𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨: ¿Reparto el tiempo acorde a los valores que predico?


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐬𝐞𝐠𝐮́𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐦𝐨𝐬: ¿Cuestiono y reviso mis valores?


▪️ 𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝: No es tarea de nadie hacernos felices, solo es nuestra.


▪️𝐋𝐚 𝐚𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐬𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐞𝐯𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐩𝐢𝐚 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐞𝐬𝐭𝐢𝐦𝐚: Esperar a que alguien o algo nos eleve la autoestima es condenarnos a la frustración.


Nadie va a venir a salvarnos, nadie va a enderezarnos la vida en nuestro lugar, nadie va a resolver nuestros propios problemas. Si yo no hago algo, nadie va a hacerlo mejor. El sueño de un salvador redentor puede ofrecer algún tipo de consuelo, pero nos deja en una situación pasiva e impotente. Podemos sentir que con solo sufrir lo suficiente, con solo anhelar desesperadamente, algún día acontecerá un milagro; pero este es un autoengaño que se paga con la pérdida de un tiempo lleno de posibilidades irrecuperables.

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