Día del orgullo

En conmemoración de este día tan colorido y reivindicativo, me gustaría aportar mi granito de arena para llamar la atención sobre un aspecto muy importante que es la homofobia interiorizada que sienten algunas personas de este colectivo, que consiste en un rechazo implícito o sutil de la propia homosexualidad o al sentimiento de estar atrapado en un cuerpo que no corresponde a su verdadera identidad de género.

Esto es debido a la influencia del lastre histórico que ha dejado la intolerancia homofóbica de ciertos sectores de la sociedad, basada en la ignorancia y el miedo a ciertos prejuicios infundados que nada tienen que ver con la realidad del colectivo LGTB.

Aunque los tiempos han evolucionado y vivimos en un contexto respetuoso con la homosexualidad y la diversidad de expresión; es necesario seguir tomando conciencia de la importancia que tiene la actitud de tolerancia cero ante esta fobia aberrante y sin sentido; que lo único que pretenden es dañar gravemente la mente y el alma de personas que han nacido con una orientación sexo-afectiva diferente o vivir en un cuerpo equivocado.

Es fundamental ver las relaciones sexo-afectivas de la comunidad LGTB como una variante normal de la sexo-afectividad y diversidad humana.

Estas características ya están inscritas en los genes al nacer, por lo tanto, no se aprenden, ni se eligen, y no se pueden erradicar o transformar. Esta misma naturaleza se refleja en muchas especies del reino animal.

Con relación a la homosexualidad se tiene constancia de su presencia en el Paleolítico, considerándose una práctica muy común y aceptada en las diferentes culturas a lo largo de los tiempos hasta la llegada de su prohibición y condenación por el emperador romano cristiano Teodosio el Grande, siglo IV, por considerarlos “actos contra natura”; dando lugar a la persecución homofóbica que ha durado hasta hace relativamente poco y aún vigente en muchos países.

Esta aversión se relaciona con un pensamiento rígido, estrecho de miras, que incita al odio y a la discriminación y supone un intento de justificar que se menoscaben o supriman los derechos a las personas que tienen una orientación sexo-afectiva diferente o se sientan diferentes a lo que establece el convencionalismo mayoritario.

En la base de estos prejuicios se hayan cuestiones religiosas e ideológica extremas, machismo, miedo a la propia homosexualidad y a ciertos trastornos psicológicos.

Cuando esta violencia simbólica se ejerce contra los niñ@s por sus iguales a una edad muy temprana, en forma de burla, apodos, rechazo, exclusión de los grupos; siembran en su interior una creencia de que hay algo mal en ell@s, sin saber el qué.

Este desconocimiento es debido a su inmadurez física y mental para interpretar el significado de lo que sienten y su expresividad, dañando gravemente su autoestima y alegría infantil.

Todo ello les va a producir un profundo desasosiego en su mente, cuerpo y alma, difícil de revertir, a no ser que el apoyo familiar y social naturalicen su expresión y se posicionen con una actitud de tolerancia cero contra cualquier trato discriminatorio.

En el peor de los casos, puede generar un trastorno de estrés postraumático debido al acoso físico o simbólico continuado dentro del recinto escolar, el barrio o el pueblo y dentro de la propia familia.

Caracterizándose este trastorno por altos niveles de ansiedad, miedo a ir al colegio, tristeza, rabia, vergüenza, culpa, aislamiento, desconfianza y desesperanzam, que pueden llevar en algunos casos al suicidio y a trastornos de personalidad.

Normalmente, con la llegada de la pubertad y el despertar de la atracción romántica y sexual, van a ser los primer@s en asustarse de tal descubrimiento debido a las consecuencias que pueden traer a sus vidas y a sus relaciones con los demás, porque ya ha incorporado consciente o inconscientemente la estigmatización del veneno homofóbico.

Donde será conveniente hacer un gran trabajo personal de autoaceptación para asumir la propia orientación y vivirla con naturalidad y seguridad, reparando las posibles secuelas que han podido dejar dicha violencia ya que, si no hay una autoaceptación y reafirmación de la identidad, pueden entorpecer las relaciones sociales y laborales debido al guion mental de agresión interiorizado que provoca un estado de estar siempre en guardia ante la posibilidad de cualquier agravio o amenaza o generando una mala interpretación de la propia realidad; pudiendo afectar negativamente a las relaciones íntimas, con el agravante de que no hay referentes sociales que normalicen y muestren abiertamente como se vive una relación sexo-afectiva homosexual y transexual con naturalidad. Y, también, como una fortaleza de prevención al consumo de drogas y la compulsión sexual para mitigar la ansiedad y la soledad que siente algunas personas ante tanta incomprensión irracional.
 Por lo tanto, animo a todos los que pertenezcan al colectivo LGTB como a cualquier colectivo “discriminado”, en donde me incluyo como mujer, a visibilizar nuestro orgullo y luchar por nuestros derechos y libertades y, que nadie nos trate como ciudadanos de segunda categoría.

𝐓𝐨𝐥𝐞𝐫𝐚𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐑𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨 𝐲 𝐋𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝.

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