La voz de nuestro crítico interior

Para dar como concluido este ciclo de post psicoeducativos, hoy voy a hablar sobre un aspecto de nuestra personalidad que es el crítico interior.

Se compone de un conjunto de voces y gestos de desaprobación que hemos ido internalizando a lo largo de nuestra historia vital y se caracteriza por creencias, valores y normas rígidas interiorizadas de los mandatos familiares y personas significativas; así como de ciertos sectores de la sociedad que fomenta el ansia ser los mejores en todo lo que somos y hacemos.

Esta voz silenciosa se puede mostrar a través de los pensamientos, imágenes sensaciones físicas, emociones, afectando al comportamiento y a las relaciones.

Su función original fue evitar el dolor de la desaprobación y el abandono, pero con el tiempo se fue automatizando rígidamente, obstaculizando la incorporación de una nueva información más real y adaptativa.

Es como un sistema de alarma que alerta sobre la posibilidad de sufrir algún perjuicio que nos recuerde experiencias donde nos hemos sentido criticados, humillados o abandonados; activando al mismo tiempo otras partes protectoras de personalidad que en su momento creamos para prevenir o manejar el malestar que nos producía, como puedan ser la parte perfeccionista, la controladora, la cuidadora o complaciente, la preocupada, la guerrera, la tímida o vergonzosa. Esto bloquea nuestra autenticidad para expresar nuestras necesidades y el potencial creativo por miedo al fracaso y enjuiciamiento de los demás.

El contenido de los comentarios del crítico es pésimo y catastrófico y suelen girar sobre el aspecto físico, el rendimiento, las relaciones afectivas y sociales; susurrándonos con frases tipo: no eres lo suficiente… los demás son mejores… no lo vas a conseguir… no vamos a encontrar ese amor…. careces de valía … Generando mucha ansiedad, baja autoestima, vergüenza, culpa, agotamiento físico y hasta, a veces, depresión.

Suele aparecer en momentos de estrés, adversidad, cuando nos sentimos criticados o solos, en estados de malestar físico, cuando salimos de la zona de confort y con una variedad de disparadores relacionados con la historia personal.

¡Y todas las mañanas cuando nos miramos en el espejo! 😊

La dureza del crítico está en relación con las veces que hemos sido criticados. A menor edad y mayor frecuencia e intensidad; más internaliza y fuerte va a ser esa voz.

Una peculiaridad de la autocrítica es que cuando dirige la mirada hacia fuera o hacia los demás se convierte en un juez implacable pero, más pronto que tarde, esa acritud condenatoria se vuelve hacia uno mismo en los momentos de mayor dificultad, actuando como un boomerang.

Por lo tanto, si no queremos alimentar al crítico interno, será necesario hacer un acto de reflexión sobre el valor y validez de nuestras críticas y enjuiciamientos externos.

Una forma de manejar al crítico interior es hacer de esa parte nuestra aliada, no entrar en conflicto con ella, ya que su cometido es de protegernos, pero se excede en sus funciones porque sigue viviendo en función de contextos pasados donde era una cuestión de supervivencia.

Es necesario observarlo con una mirada de curiosidad, aceptación y compasión para saber lo que la está activando, de lo que nos quiere prevenir, tomando conciencia de dónde procede y cómo se ha manifestado a través del tiempo en nuestro sentir corporal, nuestra forma de percibir e interpretar las cosas y en el comportamiento; estableciendo un diálogo interior para hacerle ver que ya estamos en otro momento de nuestra historia, que tenemos una mayor perspectiva y recursos personales para manejar los miedos de lo que nos trata de proteger; agradeciendo su interés por ayudarnos y que nos siga acompañando para motivarnos a sacar lo mejor de nosotros, pero sin quitarnos el control y el disfrute de nuestra vida.

En terapia es un trabajo muy bonito, aunque laborioso, porque es necesario poner en contacto y armonizar las diferentes partes de nuestra personalidad, que con frecuencia entran en conflicto; siendo necesario sacar a la luz las partes heridas que hemos desterrado de la conciencia. Son las que arrastran una historia de dolor que creemos que nos pueden desequilibrar, abrumar e inundar si las miramos.

Estas partes se quedaron congeladas en el pasado y siguen sintiendo y pensando lo mismo que entonces sobre sí mismas y el mundo.

Debido a ello, surgieron las partes protectoras denominadas directivas y las apagafuegos con diferentes funciones.

La misión de las directivas es la prevención de no volver a sentir aquello que tanto nos dolió y están encaminadas a mejorar nuestro rendimiento desde el control y nuestra aceptación social desde la complacencia.

Cuando la función de las directivas no es muy eficaz aparecen las apagafuegos.

El fuego es la emoción que no queremos sentir como la vergüenza, la culpa, el vacío, la soledad, la rabia o el miedo.

Estas partes intentan distraernos del dolor, aunque lo hacen de forma brusca y sin valorare las consecuencias, desplazando nuestra atención en un intento de evitar estas emociones desagradables con conductas adictivas, comiendo y durmiendo en exceso, viendo la TV o navegando por internet en demasía, o conductas compulsivas.

Como pueden observar, cada uno de nosotros llevamos dentro una familia interna en la que todos sus integrantes tienen que estar en armonía para que podamos sentir bienestar.

Para complementar este escrito os recomiendo el visionado de 𝑪𝒐𝒎𝒑𝒂𝒔𝒔𝒊𝒐𝒏 𝒇𝒐𝒓 𝑽𝒐𝒊𝒄𝒆𝒔: 𝒂 𝒕𝒂𝒍𝒆 𝒐𝒇 𝒄𝒐𝒖𝒓𝒂𝒈𝒆 𝒂𝒏𝒅 𝒉𝒐𝒑𝒆.

¡Os deseo un feliz verano!

Scroll al inicio
Abrir chat
1
Hola 👋
¿En qué puedo ayudarte?