Trastorno de pánico

El primer ataque de pánico se puede generar sin ninguna razón aparente o por un acúmulo de tensiones, dejando a la persona con mucho miedo ante lo que sintió en su cuerpo.


Entre las sensaciones físicas que más asustan están la opresión en el pecho, taquicardia, sensación de ahogo, mareo, tensión o debilidad muscular; lo que van a disparar unos pensamientos aterradores que interpretarán esas sensaciones como de muerte inminente, pérdida de control o de enloquecer.


Este susto interiorizado hará que la persona esté continuamente chequeándose y anticipándose a un nuevo ataque con el desgaste psíquico-físico que conlleva, pudiendo derivar en un trastorno de pánico con o sin agorafobia, es decir, el temor a estar solo en casa o fuera de ella, sin que no tenga a nadie cerca que le ayude en caso de que vuelva a suceder.


Por lo tanto, el objetivo principal del abordaje psicoterapéutico será cambiar la forma de cómo la persona piensa e interpreta las sensaciones corporales, se familiarice con ellas y aprenda a manejarlas sin que precise la ayuda de nadie.


Cuando el ataque de pánico es motivado por problemas emocionales, como es el hecho de sentirse atrapado en una situación donde no ve la escapatoria o a un sentimiento de soledad ante la percepción de falta de apoyo y protección.


Será necesario un trabajo más profundo que abarque la forma de pensar, sentir y actuar de la persona ante dichas situaciones.

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