Una de las palabras que mejor definen la vida es el cambio ya que, desde nuestra concepción hasta la muerte, estamos en un 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐜𝐞𝐬𝐨 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨, tanto interno como externo; al igual que nuestro entorno físico. Por lo que será fundamental para nuestro bienestar abrazar al cambio como una parte integral de la vida y no percibirlo como algo amenazante para no caer en la hiperactivación de la lucha, la evasión del que no quiere enfrentarse o la inmovilidad del victimismo.
Además de la adaptación a los cambios que exigen los diferentes ciclos vitales, nuestro estado mental y corporal está cambiando instante a instante en respuesta a nuestros pensamientos y emociones en interacción con el medio en el que vivimos.
El problema es que la mayoría de las veces no somos conscientes de este hecho, pero sí del malestar que nos producen. Por lo que será conveniente hacernos una serie de preguntas para aprender a reconocerlos y estabilizarlos.
▪️¿Esta sensación corporal de qué me está avisando?
▪️¿Qué significa este pensamiento para mí?
▪️¿Qué me está indicando esta emoción?
▪️¿Qué hago al respecto?
He de señalar que hay una serie de cambios vitales que van a exigir mucha energía para adaptarse a las nuevas circunstancias, pudiendo ser positivos, negativos o traumáticos.
Entre los 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 destacan el matrimonio, el nacimiento de los hij@s, un ascenso laboral, la presión para mantener los logros personales o conseguir un objetivo importante. Estos cambios pueden conllevar estrés, pero del bueno, denominado eustrés. Son momentos puntuales de gran activación física y mental para reorganizarse a la nueva situación que, si se los aborda bien, hacen crecer a la persona. Pero si el desgaste se mantiene en el tiempo y no se hace nada para desactivarlo se puede convertir en un estrés dañino, denominado distrés.
Entre los cambios 𝐧𝐞𝐠𝐚𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬 destaca la muerte de la pareja, el divorcio, una enfermedad crónica o una lesión física incapacitante, la vejez o el despido laboral; donde será determinante el significado que tenga para la persona y los recursos internos y externos de que disponga para adaptarse la nueva realidad.
Por su parte, los cambios 𝐭𝐫𝐚𝐮𝐦𝐚́𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬 son los más difíciles de gestionar porque pueden romper la personalidad previa de la persona debido al sin sentido, la imprevisibilidad e intensidad dolorosa. Pudiendo quedar una parte de la persona fijada en la experiencia desbordante o disociándose para no romperse de dolor. Entre ellos destacan las catástrofes naturales y sociales, las diferentes caras de la violencia, la muerte de un hij@, diagnóstico de una enfermedad terminal, la ruina económica o el desarraigo. En estos casos, el tiempo, el autocuidado físico, emocional y espiritual como la sensación de sentirse arropado socialmente serán fundamentales.
Para acabar, os dejo una serie de recomendaciones que fomentan la resiliencia en los más pequeños que les ayudarán a afrontar adaptativamente los cambios inevitables de la vida.
- Primar el ser del niñ@ antes que el hacer. Donde se sienta visto, comprendido y acompañado. Y no presionado para ser los que los padres quieran que sea o para que sea el mejor
- Alentar el disfrute y el juego compartido, la exploración y la autonomía personal para ganar confianza y seguridad
- Priorizar la enseñanza de la interrelación cuerpo y mente y cómo a calmarlos, mediante el ejercicio físico, la respiración, la relajación, meditación, hábitos saludables
- Favorecer una forma sana de pensar y de relacionarnos. Caracterizada por la flexibilidad, la tolerancia, la empatía, la bondad y compasión por uno mismos y por los demás
- Entender los errores y” fracasos” como oportunidades de aprendizaje. Pongo fracasos entre comillas porque no existe como tal, pueden ser las enseñanzas más poderosas
- Enseñar a soltar lo que no está bajo nuestro control como el dejar de intentar de controlar lo que hacen, piensan o dicen los demás. Soltar es un acto de amor propio que implica mirar de frente lo que daña y decidir cómo actuar desde la sensatez priorizando la propia paz mental
- Ofrecer recursos para encontrar el sentido y propósito de la vida mediante el arte, la espiritualidad, la religión o labores de orden superior como es el cuidado del planeta o trabajar por un mundo más justo
- Aprender a reirse un poco más de las cosas y de uno mismos.
- Tener buenos modelos donde se puedan reflejar
Si, por el contrario, aprenden a reaccionar con miedo, desconfianza, desesperación, hostilidad, codicia o ver siempre el vaso medio vacío; caerán en una espiral de inadecuación, intranquilidad, pesimismo, vulnerabilidad e impotencia de difícil salida hasta que tomen conciencia de ello y puedan revertir estos aprendizajes.



