¿Es sana mi manera de pensar?

Cada día, una multitud de pensamientos atraviesa nuestra mente de forma automática e inconsciente. Estos pensamientos nos proporcionan información sobre lo que percibimos y experimentamos, afectando directamente a nuestro estado de ánimo y a nuestra disposición general. Por ello, resulta fundamental distinguir entre aquellos pensamientos que nos resultan útiles o beneficiosos y aquellos que, por el contrario, pueden ser erróneos, con el fin de poder modificarlos adecuadamente.

Los pensamientos beneficiosos presentan varias características clave. En primer lugar, se apoyan en datos contrastables de nuestra propia experiencia, lo que les otorga una base sólida y realista. Además, describen la realidad sin recurrir a exageraciones, permitiendo una visión equilibrada de las situaciones. Suelen expresarse en términos de deseos o preferencias, lo que facilita una actitud más flexible y abierta ante las circunstancias.

A nivel emocional, los pensamientos beneficiosos generan emociones de intensidad baja o moderada y de corta duración, contribuyendo a mantener la estabilidad emocional. Por último, este tipo de pensamientos facilita la resolución de problemas y la consecución de nuestros objetivos, ya que promueve una actitud constructiva y orientada a la búsqueda de soluciones.

Por el contrario, los pensamientos perjudiciales se caracterizan por apoyarse en numerosas suposiciones no demostrables, lo que puede llevarnos a conclusiones erróneas o infundadas. Asimismo, suelen describir la realidad de forma distorsionada, dramática o catastrofista, incrementando el malestar emocional.

Este tipo de pensamientos suele expresarse en términos de necesidades o exigencias, generando una presión interna que dificulta la adaptación a las circunstancias. Como consecuencia, producen emociones negativas intensas y duraderas, afectando a la calidad de vida y al bienestar emocional. Finalmente, los pensamientos perjudiciales obstaculizan la resolución de problemas y la consecución de nuestras metas, ya que tienden a bloquear el pensamiento creativo y las acciones eficaces.

Las fuentes de las que emana la mayoría de los pensamientos dañinos son las denominadas distorsiones cognitivas, que consisten en formas distorsionadas de procesar la información derivadas de nuestras creencias, las cuales se han formado a partir de nuestras experiencias y aprendizajes. Estas distorsiones se irán comentando en los próximos posts.

 
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