Mindfulness
𝐌𝐢𝐧𝐝𝐟𝐮𝐥𝐧𝐞𝐬𝐬 o atención plena es una técnica meditativa que consiste en la práctica regular de mirarse profundamente a uno mismo con la intención de conocerse y entenderse mejor, sin enjuiciamiento o dándonos cuenta, al menos, de la gran cantidad de juicios que continuamente desfilan por nuestra mente (Jon Kabat- Zinn). Se calcula que nuestra mente divaga la mitad del día, caracterizándose por entrar en un estado semejante a la ensoñación, denominado red neuronal por defecto (RND), donde la conciencia queda adormecida y los pensamientos, sensaciones y sentimientos surgen espontáneamente de forma robótica, transitoria y fugaz; que nos lleva a actuar sin darnos cuenta de lo que hacemos, pensamos, sentimos o decimos. Es como estar presente estando ausente, perdiendo gran parte de la información de lo que está pasando y del posible enriquecimiento que nos podría aportar, generando a la larga una sensación de insatisfacción vital. La esencia de este entrenamiento es focalizar nuestra atención a lo que estamos haciendo mientras lo estamos haciendo, momento a momento, sin dejarnos llevar por distracciones internas o externas. Si estamos trabajando, estudiando, relacionándonos, ejercitando el cuerpo, comiendo, cuidándonos, descansando, disfrutando o sufriendo; hagámoslo con consciencia. Así mantendremos a raya la presión diaria, la dependencia a los aparatos digitales, los pensamientos atemorizantes, los malos recuerdos, los juicios y expectativas que cruzan como un rayo nuestra mente, así como el autodiálogo crítico y machacante hacia uno mismo y hacia la vida; como también darnos permiso para mostrarnos tal y como somos, sin importarnos la mirada ajena, disfrutando plenamente de los buenos momentos, sin culpas ni reproches. Con frecuencia se nos olvida que estamos de paso, viviendo acelerados como si nunca nos fuéramos a morir, sin ser conscientes del daño que le podemos provocar al cuerpo, a la mente y a nuestras relaciones cercanas. A pesar de que el pasado y la incertidumbre del futuro nos condiciona, 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚 𝐞𝐬 𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐞𝐧𝐭𝐞. Es aquí donde podemos darnos cuenta y cambiar lo que no nos gusta de nosotros, lo que no nos hace bien, sacar provecho de los errores, reinventarnos; sin críticas ni culpas, aceptándolo todo tal y como fue y como es. De esta manera estableceremos las condiciones necesarias para un buen devenir. Aquí os dejo un ejercicio de mindfulness para ejercitar la atención: en este caso tendremos como aliada imprescindible la respiración abdominal. La respiración lenta y profunda tranquiliza automáticamente la mente y el cuerpo, lo que nos va a permitir contemplar con mayor sosiego y discernimiento nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos. En primer lugar, trataremos de relajar el cuerpo. Una forma rápida es ponernos de pie, levantaremos los brazos y los dejaremos caer, unas cuantas veces. Luego moveremos un poco las caderas, y finalmente respiraremos unas tres veces, cogiendo aire por la nariz y expulsándolo por la boca, de forma lenta y profunda. Ahora nos acostaremos de espaldas o sentados con la columna erguida y los hombros relajados. Cerraremos los ojos, si ello nos resultara más cómodo y dirigimos la atención al vientre. Sintiendo como el vientre se expande suavemente al inspirar por la nariz y cómo retrocede al echar el aire por la boca. Así estaremos unos segundos, percibiendo cómo es el ritmo de nuestro aliento vital. Ahora concentraremos toda nuestra atención en las sensaciones que nos produce al inspirar el flujo de aire al pasar por las fosas nasales, sintiendo como el movimiento de los músculos del pecho se expanden y se contraen y sentiremos cómo nuestro vientre se hincha y deshincha. Si nuestra mente se aleja de la respiración, nuestra tarea consistirá simplemente en notarlo. Observamos a dónde nos ha llevado y lo dejamos pasar. Volviendo llevar la atención a nuestra respiración, sin importarnos lo que la ha desviado. Y vuelta a empezar hasta completar el tiempo programado. Es recomendable empezar esta práctica tres minutos al día, luego un poquito más hasta completar los quince, en el momento que más te convenga, te guste o te desagrade, durante toda la semana y observa cómo te sientes al incorporar esta actitud mindfulness sin hacer nada, solo estar contigo y tu respiración. Este entrenamiento puede resultar difícil al principio por las distracciones, pero si todos los días la entrenamos unos minutos e ir aumentándolo cada vez un poco más, llegará un momento que nuestra atención no se desviará tan fácilmente con ninguna distracción. Y si se diera el caso, nuestro cerebro y el cuerpo sabrán como recobrar la compostura porque lo habrán automatizado. Los beneficios de este tipo de meditación son numerosos entre los que destacan una mayor claridad mental, autocontrol sobre los pensamientos, emociones y sensaciones corporales desagradables, así como el desarrollo de una buena actitud hacia uno mismo y hacia los demás, el manejo del estrés, la ansiedad, el bajo ánimo, los desórdenes de las conductas alimentarias, tolerancia al dolor; ya que observarse a uno mismo hace cambiar aquello que se observa.






